La ética situacional es aquella inventada por el ser humano, que la acomoda a su situación, a su conveniencia, a su interés. La ética situacional, ya es moneda de curso corriente en esta modernidad; no solamente en esta ciudad, en este país, sino en todas partes, en todas las culturas. Donde voy veo el mismo problema en nosotros, los seres humanos, que acomodamos lo moral a nuestra situación; doblamos, lo torcemos y cada uno entiende a su manera.

Entonces hemos caído en un “relativismo total”. Y, al final, ¿quién pone la medida? Si alguien pone la medida, ¿quién mide esa medida?. Obviamente, lo moral, nace del corazón de Dios, nace del carácter de Dios. Mucho daño hace acomodar lo moral a tus intereses, a tu gusto. A la larga te hace mucho daño, porque te haces una “persona circunstancialista”, te haces una persona de “corto plazo”, te haces una persona “gobernada por tus intereses”, no “gobernada por principios”. Y, a la larga, la vida te va a pasar factura.

Entonces, cuidamos de estar viviendo una cultura de “ética situacional”, de acomodar lo moral, acomodar los principios a nuestras conveniencias, a nuestros intereses. Los principios son para obedecerlos, no para acomodarlos a tu regalado gusto. Los principios Dios los creó para que los obedezcamos. Y, en los principios y su obediencia, viene la bendición, viene la prosperidad, viene el beneficio. Los principios Dios no los ha hecho para acomodarlos de acuerdo al interés del ser humano.

Vivamos por principios y no por situaciones; y dejemos que los principios gobiernen nuestras vidas. Dejemos que los principios gobiernen nuestra situación.

 “Los principios, al final, te traen bendición”.

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