Cuando tu familia está pasando tiempos difíciles, uno tiene que poner todo el empeño para apoyar, ser solidario, y clamar a Dios para ayuda, para que tu familia se recupere, para que tu familia siga adelante. Lo mismo pasa con tu familia grande: Tu país, tu ciudad, tu región, tu nación. Si tu país está pasando momentos muy difíciles, hay que poner todo el empeño, hay que aportar, hay que ser parte de la solución y no parte del problema. Y clamar a Dios para que ilumine a todas las autoridades, porque no es solamente una autoridad, son varios. En el caso de nuestro país, Bolivia: El presidente, sus ministros, sus asesores; el parlamento que está conformado por la Cámara Alta: De senadores, la Cámara Baja: De diputados. Estamos hablando del poder judicial: Los magistrados, los jueces. Estamos hablando de los municipios: Los alcaldes municipales, su equipo. Estamos hablando de los Prefectos, o Gobernadores, dentro de Sistemas Federalistas. Estamos hablando de muchas autoridades. En Bolivia, estamos hablando de dirigencia, líderes; estamos hablando de movimientos cívicos, movimientos sociales, movimientos empresariales, los militares, los policías. Nosotros tenemos la responsabilidad como ciudadanos, como hijos de la Patria Grande, nuestra nación, de clamar a Dios: Dos, tres o cuatro veces al día, para que Dios traiga luz. Dice La Palabra: “Dios frustra los planes de los enemigos”. Y los enemigos no son personas. Los enemigos son espíritus.

Entonces: Hay que clamar por nuestra nación. Hay que clamar por Bolivia, porque Bolivia necesita tu oración. En la mañana, cuando te levantas y desayunas con tu familia, haz una oración, unidos todos: Por tu país, por tu nación, por tu tierra, por tu ciudad, para que Dios bendiga, para que Dios traiga luz. Porque la luz va a vencer a las tinieblas, va a vencer la oscuridad en que viven muchas de nuestras autoridades, muchas veces; porque están en temas egoístas, muchas veces. En el almuerzo, en la cena, en tu iglesia, cuando hay convocatoria de oración que tu iglesia lo hace, tienes que ir; porque orar por tu nación es que quiere decir que tú estás amando tu tierra, y tú estás interesado en que tu tierra, en tu nación, haya paz. Pero esa paz que Dios da. No la paz que da el hombre y que es frágil, y que de un rato se va, y de un rato desaparece.

Tenemos que aprender a clamar por nuestro país en estas horas que son muy necesarias.

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