El famoso Abraham Lincoln, Presidente de Estados Unidos de Norteamérica, pronunció esta frase en una locución, cuando él intentaba, al máximo, sanar a su nación de una devastadora guerra civil. Lea lo que él dijo en su discurso: “Hago lo mejor que sé hacer, lo mejor que puedo, y tengo la intención de continuar haciéndolo hasta el fin. Si al final resulta ser bueno, todo lo dicho en mi contra carece de importancia; si resultara equivocado, ni una legión de ángeles que jure que tenía razón, cambiaría las cosas”. “Hago lo mejor que sé hacer. Lo mejor que puedo, eso hago. Entrego lo mejor. Te doy lo mejor”.

Son frases que proyectan actitudes de excelencia en una persona. Porque la excelencia es hacer lo mejor. Hacer, todo lo mejor que esté en ti, hacerlo. Entregar todo lo mejor que esté en ti: “Eso es excelencia”. Entonces, cuando se mete Ud. a las cosas: “¡Haga lo mejor!. ¡Entregue lo mejor!. ¡Dé lo mejor!”.

En cualquier cosa que haga entregue todo su corazón, toda su atención, toda su energía, concéntrese, enfóquese, póngale gasolina, toda su energía. ¡Bríndese por entero!. No sea escaso, no sea tacaño, no sea egoísta, no espere ganancia. ¡Sirva!. ¡Entregue!. ¡Dé lo mejor!. Después viene el premio. Después viene la bendición. Dios bendice esas actitudes. Tarde o temprano llega la gracia de Dios. Tarde o temprano llega la bendición de Dios.

“Independientemente de lo que haga, hágalo de la mejor manera”. Como hijo: “¡Haga lo mejor que pueda!”. Como hijo: “¡Responda a sus estudios!”. Como padre: “¡Haga lo mejor que pueda!”. “¡Haga lo mejor que pueda con sus hijos!”, como mamá. Como cónyuge: “¡Haga lo mejor que pueda!”. Como funcionario: “¡Haga lo mejor que pueda!”. Como jefe: “¡Haga lo mejor que pueda!”.

“¡Dé todo lo mejor de sí!. Eso es excelencia”. “¡Haga todo lo mejor que Ud. pueda hacer!. Eso es excelencia”. “Nunca por hacer las cosas bien se ha perdido el tiempo”. “¡Todo lo que siembras, dará una buena cosecha!”.

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